Carlos y Lorenzo
-- 2 de noviembre
-- Esta piada solo es testimonial. Nada tiene que ver esta modesta escalada, el Libro, con las gestas de los insignes caracoles montreberianos, pero es para mostrar que hay vida más allá de esas paredes ribargorzanas. En Rodellar, en medio de tantas vías deportivas, entre bóvedas, desplomes, sietes as y ochos ces hay pequeñas joyas de escalada clásica, casi siempre abiertas por escaladores franceses como Despiau, Barokas y otros, con seguros vetustos y excasos espits, grado exigente, quintos y sextos antiguos, de cuando el sexto era el límite de las posibilidades humanas, que nos gusta explorar de vez en cuando. La Cuca de Bellostas, La Ciudadela, El Pitón del Cuervo, la Pared de la Virgen, el Puntarrón... etc. Carlos ya había escalado el Libro pero quería intentar liberarlo. Yo, sin saberlo, había preguntado por ese diedro tan visible al norte desde el camping de Mascún que pedía a gritos ser escalado (la pena es que esos gritos ya los había oido Barokas hace veinte o más años) El caso es que este sábado, a pesar del tiroteo que organizaron los cazadores alrededor del pueblo y a falta de mejor plan, decidimos ir a este diedro que se puede resumir en una hora y cuarto de aproximación por una empinada pedrera que finalmente pudimos coger por el mejor camino y no resultó demasiado antipática. Tres largos de treinta metros, equipados con viejos clavos y algún espit. El primero de V+ ó 6a. El segundo dice la reseña 6a, Ae, pero a Carlos que lo liberó después de buscar la secuencia de movimientos imposibles y de algún reposo, le salió 6c+ ó 7a. Y el tercero que en la reseña viene como V+ ó 6a y Ae y que Carlos también liberó de segundo y que debe salir 6b+ ó 6c.

Descenso en tres rápeles más la pedrera hasta en cauce del Mascún y regreso al pueblo. Recomendable para los que coleccionamos antiguas vías de Despiau y Barokas.