EXPLORANDO LARRIBET 2 “Renforts estivaux”

 



 

EXPLORANDO LARRIBET 2

“Renforts estivaux”

 

Casi exactamente un año tras nuestra primera visita, estamos de nuevo Gontzal y yo pateando en la penumbra que precede al amanecer. Destino, el Triangulo de Oro, pasado Larribet, en la vertiente norte del Balaitous. El planteamiento es el mismo de hace un año: hacer los honores a estos hermosos días de fin de verano con buenas escaladas, largas y en altura. Tras dedicar un par de años a la zona de Néouvielle, ahora andamos explorando Larribet.

El triángulo de oro, Larribet.

 

Este año Txingu no nos acompaña, así que toca más peso para portear. Pero la aproximación no es excesivamente dura, en dos cómodas horas nos plantamos en el refu, y una hora más tarde o así estamos en la base de nuestra pared, que lleva ya cierto tiempo al sol.

Reconocemos la base del Pilier Est, pero esta vez seguimos un poco hacia arriba y hacia la izquierda. “Renforts estivaux” está prácticamente equipada, así que localizamos con facilidad los parabolts que brillan sobre el granito dorado.


Vistas del primer largo,

Una placa con cierto relieve al principio conduce en dos largos a una evidente vira, ganando en verticalidad a medida que asciende. El primer largo resulta cómodo, un placentero V para calentar. Pues la continuación se ve más peleona. Un 6b+ de placa, con la dificultad concentrada en tres o cuatro pasos en los que hay que manejar muy bien los pies, jugando con sutileza a ser equilibrista. Tras la placa toca una chimenea más atlética pero con más canto, y para terminar, una salida a la repisa donde casi vuelo. Uff!




El 2º largo desde la reunión.

6b+, en placa.

 

Gontzal se ocupa del tercer largo, corto pero tortuoso y con ambiente.. Sale de la reunión en travesía a la izquierda, dobla una esquina y le pierdo de vista. Así que no tendré referencias para descifrar este largo, duro, curioso y bonito (6b).

Aparecemos en otra vira, que seguimos descendiendo a la izquierda para llegar al último lienzo de pared, la guinda del pastel, cuya dificultad irá in crescendo. 

2º largo


 

El cuarto largo remonta un muro muy vertical, aunque lleno de setas y relieves. Los antebrazos van cargándose, y más que el V+ del croquis, a mí me da la sensación de vérmelas con un 6ª.

Gontzal supera limpiamente el quinto largo, de nuevo placa técnica, más tumbada pero con menos canto (6ª+) donde hay que estar atento para acertar con la secuencia de los pasos, no muy evidentes. Y así nos plantamos en la 5ª reunión, en la base del que sin duda es EL LARGAZO de la  vía. 

Llegando a la 2ª reunión

 

Iniciando el largo 3º, 6b.

El año pasado ya alucinamos con él, al rappelarlo tras escalar el Pilar E. Un largo de 50 m con una primera parte, de quince metros o así, muy vertical, dura y mantenida. Yo más que de 6b+, como viene en algún croquis, hablaría de 6c.

Me toca, así que me preparo, animado tras haber sacado hasta ahora todos los largos en libre. Me quito todo el peso superfluo, ¡hasta las gafas! La cámara también, por supuesto, así que no hay fotos de este largo. Lo bueno es que luego rappelaremos por la vía. 

4º largo, 5c

El primer parabolt está un poco alto, pero lo mosquetoneo con rapidez. El muro está surcado por una fisurilla vertical más bien ciega y con poco canto. Hay relieves, pero no son ninguna maravilla. Mosquetoneo la 2ª, la 3ª chapa, y a punto de volar tengo que echar mano del fifí. Tras reposar, sigo subiendo muy justito, al límite de la caída, alcanzo el siguiente seguro, lo mosquetoneo… y me cuelgo. Esta historia se repite unas cuantas veces. El caso es que subir, se sube en libre, hay canto, pero encadenar todos pasos está por encima de mis posibilidades. Ya estoy muy mayor.

Hasta que por fin la puñetera fisura se va abriendo, ofreciendo más presa, y de repente ya no estás en un 6b+ o lo que sea, sino en un 6ª por el que subes, con los brazos petados, otros 10 ò 15 m, y luego otros 20 o así de V con mucho aire entre los seguros, tanto que meteré algún friend antes de llegar a la reunión. 

5º largo, otra placa delicada, 6a+

 

Hay que ser objetivos. Aunque no haya salido “como il  faut” se trata de un largo cinco estrellas, como Gontzal podrá comprobar a su vez. Ahí arriba lo tenéis, esperando a que le hinquéis el diente. ¡Sí, sí, os lo digo a vosotros, ya sabéis!




 

En resumen, una muy buena vía, en un granito inmejorable, bien equipada y graduada, exigente, donde cada uno de los largos tiene su picante y su pelea, a excepción del primero. Y qué decir del último…Nos llevará 5 h de escalada y otra para rappelar. Tras trece horas de patear, escalar, contemplar y disfrutar, regresamos al coche felices y agotados, maravillados por la belleza de estos días de septiembre, que parecen hechos para escalar en montaña…

Renforts estivaux, Triangle d´Or, Larribet. 230 m, 6 largos, 6b+/c, 6ª obl?

Septiembre del 2021

Patxi Lasarte

 


To be or not to be?

 





GOURETTE, PÈNE MÉDAA

 

 

Cara E, Couloir central o Mailly


Gourette, Pène Médaa, 2520 m, febrero del 22.

Habiendo cumplido con la preceptiva peregrinación a Gavarnie, cual creyente que vuelve satisfecho de la Meca, uno puede ya encarar la temporada invernal con cierta tranquilidad.

El anticiclón sigue instalado en el Pirineo, las condiciones siguen siendo óptimas, pero corredores y goulottes siguen escasos, apenas formados y faltos de hielo. Y así estarán hasta fin de temporada. En las zonas más clásicas, se amontonan las cordadas en los fines de semana. Este año el corredor de los Franceses al Anayet parecer ser extremadamente popular, al menos en los foros. Pero tanta gente acelera la degradación de los resaltes, escasos de hielo. Una pena. Si queremos andar tranquilos y a salvo de las multitudes, mejor buscar en otro lugar. Gontzal, cómo no, volverá a Gavarnie. Juan está libre, y a los dos nos apetece cambiar de horizontes. Una discreta entrada en Camptocamp nos pone sobre una pista interesante. Tras un porrón de años, volvemos a Gourette.


 

El sábado a altas horas de la noche nos instalamos en nuestro txoko habitual, bajo un inmenso tejo en el parque de Laruns. Es agradable ver cómo con el paso de los años uno va disponiendo de emplazamientos de vivac estratégicos en cada valle, o casi… Bajo este tejo hemos dormido ya una cuantas veces. El caso es que la noche es corta, y hay que conducir hasta la estación de Gourette, donde a punto estamos de no encontrar sitio para aparcar pese a lo temprano de la hora. Estamos en plena temporada de esquí.

Nuestros pasos se dirigen hacia el Pène Médaa. Hace años escalamos en la cara Oeste la Goulotte des Yeux, y ahora vamos a la cara Este, a ver si el Couloir Central o Mailly sigue en condiciones. Es una vía D sup con un resalte de hielo a 80º al comienzo, y a veces algo de mixto. Pero al ser cara E el sol puede cargarse la cascada de entrada. 



Tenemos casi 900 m de incómoda aproximación por las pistas de esquí. La nieve está dura como la piedra, y para más inri sopla un viento racheado y traicionero. Lo mismo te deja tranquilo un rato que luego te tambalea y te hace perder el equilibrio, cosa nada deseable en estas palas tan inclinadas y tan heladas. Como siga así, la ascensión va a tener ambiente.

Tras un par de horas (o más) de sudar (es un decir, por que hace bastante frío) y aguantar los embates del viento, divisamos la que debe ser nuestra línea. A su derecha, la vía Julia presenta unas pintas espeluznantes, con sus colgajos de hielo y sus muros de mixto. La nuestra por suerte se ve bastante más acogedora y atractiva, un trazo rectilíneo bastante directo que al final tira a la izquierda para salir a la cresta rocosa. 

La cascada del inicio sique formada, aunque se ve un tanto escasa.  Habrá que mirarla de cerca. Bueno, si no estuviera bien, siempre podríamos entrar al corredor por una vira nevada un poco más arriba, pero sería una pena escaquearse el largo más duro.

Dado que Juan aun está limpiando el polvo de sus piolets y crampones tras dos inviernos de parón, me cede este primer largo, y me acerco a husmear. El hielo está azul y vítreo, con mucho relieve, cómodo para progresar. Por desgracia, no entran ni los tornillos cortos. Demasiado escaso.



 

Como la inclinación es moderada, subo unos metros protegido por un  tornillo psicológico, medio en hielo medio en nieve, pensando que puede ser un marrón destrepar esto como no pueda pasar… El muro se pone un poco más pino durante un par de metros (80º o así), pero por suerte aparece una especie de columna que enhebro con una cinta. Menos mal que tengo disipadoras. El muro pino es cortito, enseguida relaja, y además a partir de ese punto puedo meter un par de buenos tornillos hasta llegar a la reunión, donde un par de buenos y viejos spits me saben a gloria. Bonito largo, después de todo. Y lo mejor de todo es que metidos en la vía, parece que estamos protegidos del viento.

Aparece Juan, intercambiamos material y tira para arriba...

 

En el 2º largo


La verdad es que todas las vías de invierno que hemos realizado en Gourette tienen un punto peculiar. Sus montañas son básicamente inmensas moles rocosas, sin grandes grietas que las surquen. Así que en sus placas calizas monolíticas no pueden formarse profundas goulottes o corredores en cuyos bordes rocosos uno pueda protegerse con facilidad. En lugar de ello, hay que ascender por chapajes de hielo o nieve adheridos a la roca, cuyo grosor, consistencia e inclinación determinarán lo segura o expuesta que pueda ser la escalada. Para facilitar las cosas, la roca de Gourette es muy compacta y falta de fisuras, y se presta mal a la autoprotección.

En consecuencia, incluso las escaladas más sencillas, como la Supernoire, tienen un punto de severidad. Deambulas por una vertiente amplia, sin la protección psicológica de las paredes de un couloir, y la mirada puede deleitarse, sin obstáculos y con cierta aprensión, en las líneas de fuga que la perspectiva dibuja hacia abajo… 


 

Total, que los próximos largos, sin ser extremadamente difíciles, tienen cierta severidad. Recorreremos una muy amplia canal de 60-70º, cómoda para progresar pero difícil de proteger. La nieve está helada y bien dura y no hacemos huella al progresar. Solo aquí y allá aparece algún chapón de hielo donde meter un mal tornillo. Mal terreno para caerse. Menos mal que no nos vamos a caer…

Improvisamos las reuniones y los seguros como podemos. Tornillos más o menos potables, algún clavo, algún friend en roca. Largas y bellas tiradas de 60 m en las que entran dos o como mucho tres seguros. Frío intenso, un patio elegante y una ambiente recio y alpino. A veces se escuchan las ráfagas de viento, que afortunadamente aquí no nos alcanzan. 

Iniciando el tercer largo

2a reunión. Tornillos

Para nuestra tranquilidad, las dos últimas reuniones tienen clavos. En 7 largos alcanzamos primero un collado en la cresta, y luego la cima del Pène Médaa (2520 m), ya por terreno rocoso. Por fin salimos al sol. ¡Una buena escalada!


Dos rappeles, el 2º un poco escondido, nos conducen a unas palas de nieve bastante pinas, que descendemos con cuidado, pues están muy heladas. Al menos, el viento parece haber pasado, y al solecito se está hasta bien. En un rellano aun bastante por encima de las pistas de esquí me planteo guardar los piolos y sacar los bastones. ¡Error! En un momento una brutal racha me zarandea como a un pelele y a punto está de mandarme al suelo primero y luego al hospital, pues con esta helada sería imposible la autodetención.


Tercer largo



¡Por fin entra un clavo!

Pero los sustos no han terminado. Poco más abajo decidimos que ya es tiempo de recoger cuerdas y material de escalada y guardarlos en las mochilas. En esas estamos cuando una racha descomunal nos arrebata las mochilas y su contenido de las manos para mandarlos dios sabe dónde, aparte de casi tirarnos al suelo.

Metiendo un tornillo en ¿hielo? 5º largo

 

Vemos deslizarse la mochila de Juan pendiente abajo hasta desaparecer. Yo atrapo la mía al vuelo, pero una de las bolsas que hay dentro sale despedida y vuela monte arriba. Sigo el rastro de barras energéticas rotas y consigo encontrarla a unos 300 m. La mochila de Juan aparecerá kilómetro y medio más abajo, al menos en nuestro camino de regreso al coche. Finalmente, nos faltarán una funda de cantimplora, unas viseras, y poco más, a excepción de mi teléfono, que a raíz del vuelo sin motor empezará a fallar y me obligará a sustituirlo. Pero ahora tengo uno resistente a los choques y la humedad.

Poca cosa en realidad, a cambio de una buena vía y de un intenso día de escalada.


Se intuye la salida

 

Pène Médaa, 2520 m, Cara E, couloir Central o Mailly, D sup-MD?, 350 m

Lasarte anaiak

Juan en la 4ª reunión