
Con los dientes largos cada vez que entro en el blog, “que no tenéis compasión, canallas”, decidí que ya estaba curado de lo de mi hombro y me puse en contacto con Ignacio para ir a las cascadas de Anayet a ver qué tal funcionaba la reparación. Llegamos a las cascadas accediendo desde Formigal con los esquís. La sorpresa fue que, en un día magnífico, no había nadie y las cascadas estaban a rebosar de hielo, así que elegimos para la prueba Os Diables de Panti que escalamos en un par de largos, yo siempre de paquete, que para eso estoy convaleciente, y que rematamos colocando un top rope para jugar en una cortina vertical que se había formado en la parte superior y que, a pesar del calor, se mantuvo bastante estable. 
Así pasamos una agradable mañana terminando la actividad pronto para poder regresar sin sufrir las lentas caravanas que se forman cada fin de semana.
El diagnóstico final; que Ignacio está muy fuerte, que el hombro está reparado, que mi forma está en un estado deplorable y que, a pesar de que todavía quedan por allí dolores residuales, ya se han terminado las excusas y hay que volver al tajo.
Así pasamos una agradable mañana terminando la actividad pronto para poder regresar sin sufrir las lentas caravanas que se forman cada fin de semana.
El diagnóstico final; que Ignacio está muy fuerte, que el hombro está reparado, que mi forma está en un estado deplorable y que, a pesar de que todavía quedan por allí dolores residuales, ya se han terminado las excusas y hay que volver al tajo.